Por: Bertha Mojena Milian
Desde el pasado mes de julio la televisora multiestatal Tele Sur denunció que la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) al parecer “se pliega a los factores golpistas” en Honduras, pues evade una posición contundente de censura a la violación de la libertad de prensa por parte del gobierno de facto impuesto en el país centroamericano.
“Más aún, se banaliza con profunda gravedad el riesgo a la vida que han corrido nuestros equipos de reporteros y técnicos en esta República centroamericana por la acción y amenaza de las fuerzas represivas al servicio de un gobierno desconocido por las distintas instancias y países del mundo”, expone Tele Sur al referirse a un comunicado de la SIP del 14 de julio.
La SIP desde esos días, parece bailar en una cuerda floja y no acaba de explicar su posición, y aunque para algunos resulte novedoso lo que refiere Tele Sur, aparentar estar entre los indios y los cowboys es una estrategia vieja que tiene sus antecedentes bien sentados, más aún si para ponerla en práctica tiene que recurrir a conocidas patrañas del pasado.
Entre banalidades y juego sucio.
Las declaraciones oficiales y comentarios de los dirigentes de la SIP desde el propio día del Golpe de Estado en Honduras, rechazan todo tipo de manifestación represiva contra los periodistas, reporteros y equipos de trabajo de la prensa de varios países que radicaban en ese país, e intentaban dar cobertura a lo ocurrido, no importa de qué lado estuvieran.
Asimismo, llamaban en todo momento a las “nuevas autoridades” a respetar la libertad de expresión y el derecho de los ciudadanos del país a la información, siempre cuidándose de emitir criterios sobre la posición de la organización respecto al Golpe de Estado y la legitimidad del presidente Zelaya, entre otros temas que pudieran ponerla en tela de juicio.
En tal sentido, desde el día 2 de julio hasta la fecha, la SIP ha publicado varios comunicados en los que condena los actos de “intimidación” contra periodistas, y comentan algunos de los casos de denuncias llegados hasta su sede.
Según el presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de esta organización, Robert Rivard, el “nuevo gobierno” debía dejar a un lado las restricciones a la actividad periodística y las actitudes intolerantes que, como en este caso, derivaron en la salida del país de comunicadores internacionales”, afirmaba refiriéndose a las acciones represivas del pasado domingo contra los equipos de Tele Sur y Venezolana de Televisión.
Por su parte, Enrique Santos Calderón, presidente de la SIP, expresó que “a fin de garantizar a la población su derecho a recibir plena información, el gobierno debe crear cualquier limitación a la labor de la prensa, sino que además, debe proteger y garantizar que todos los medios, sin importar criterios editoriales, puedan hacerlo en forma libre y segura”.
Lo que al parecer los directivos de la SIP y el señor Enrique Santos olvidaron desde los primeros momentos - ¿será por puro olvido? – es que existía una gran diferencia entre los términos “nuevo gobierno”, “nuevas autoridades” y lo que realmente representaba la camarilla Goriletti, esos mismos que reprimían al pueblo, a los periodistas, cerraban medios de comunicación, ametrallaban emisoras de radio comunitarias y hacían desaparecer reporteros.
La realidad: el SIP no asumía una posición radical y sí intentaba parecer neutral. El propio Enrique Santos manifestó el día 3 de julio que su organismo no solicitaría el cumplimiento de uno de sus principios – el derecho a la libertad de expresión – a los diarios La Prensa, La Tribuna y El Heraldo, pues “la SIP no es un órgano monolítico donde todos los socios tengan que tener los mismos criterios políticos”.
Si tenemos en cuenta que estos medios de prensa hondureños han apoyado a los golpistas en gran parte de sus acciones y no han dado cobertura alguna a las manifestaciones populares a favor de Zelaya, la SIP demuestra una vez más no querer asumir una posición frente al Golpe. Santos lo justifica afirmando que la libertad de prensa que su organización defiende parte de la pluralidad y la diversidad. “Tengo entendido que La Prensa, La Tribuna y El Heraldo posiblemente han sido partidarios del cambio de gobierno y eso por ningún motivo significa que la SIP los vaya a censurar, a decirles qué opinar”, refiere.
Y como para no perder protagonismo ni alejarse de las campañas mediáticas del golpismo, también la SIP retoma algunos de sus viejos trucos y se presta al juego mediático contra Zelaya, Ortega, Correa, Evo y otros dirigentes latinoamericanos - especialmente los impulsores del ALBA -, tal como lo ha hecho contra Chávez y contra Cuba.
No es para nada casual que en el año 2002 la SIP tampoco condenara el Golpe de Estado contra Venezuela; sin embargo, ahora se suma al ataque mediático y frontal liderado por el gobierno de facto impuesto en Honduras, para satanizar a los presidentes de Venezuela y Nicaragua. Por eso Robert Rivard, presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información del SIP, lamentó “el tono desafiante” en que los presidentes de esos países en unión a directivos de Tele Sur reclaman a la SIP condenar los hechos que se han producido en el país centroamericano.
“La intolerancia hacia los medios y periodistas que hemos visto en los últimos días en Honduras ha existido por mucho tiempo bajo las administraciones de Chávez y Ortega en sus propios países. Si ellos quisieran defender la libertad de expresión pueden empezar por hacerlo en sus casas”, reclamó Rivard.
Las autoridades del SIP argumentan que desde hace años ya se denunciaban las agresiones contra periodistas promovidas por el gobierno de Zelaya, especialmente en “la discriminación de la pauta publicitaria, la descalificación permanente en contra de reporteros y medios de parte de las más altas autoridades, la utilización de medios públicos como órganos de propaganda y la limitación y manipulación de la información oficial”.
Asimismo, reiteran a viva voz su condena el gobierno cubano por haber “anulado la libertad de prensa, el derecho a la libre expresión de las ideas y el acceso de sus ciudadanos a la información ajena al monopolio del Estado”, a la vez que reclaman “la liberación incondicional de los periodistas encarcelados y el reconocimiento gubernamental al ejercicio independiente de la profesión”, así como “la cancelación de acciones represivas contra los periodistas independientes”.
Al parecer los directivos del SIP padecen de olvido crónico, pues desconocen quiénes son los verdaderos “periodistas independientes” que laboran en Cuba, cuáles son sus objetivos reales y de dónde reciben el financiamiento para sus acciones mercenarias, de los bolsillos de una mafia radicada en la misma ciudad que los grandes empresarios del SIP: Miami.
Lo que se esconde tras la fachada…
Entre la aparente neutralidad y los subterfugios de defender por encima de todo, la “libertad de expresión”, los hechos demuestran que la SIP una vez más, se orienta por los caminos impuestos por las oligarquías más reaccionarias del continente.
La televisora Tele Sur en su comunicado del15 de julio, alerta que tras las palabras de estos “dueños de empresas de comunicación, se generan peligrosos precedentes que, bajo cualquier pretexto de manipulación o posición ideológica, parecieran exculpar los crímenes que se ha cometido contra el pueblo de Honduras y en específico contra el derecho a la información”.
La definición de la SIP sobre la situación en Honduras – como crisis política -, la manera en que nombra al presidente legítimo de ese país, Manuel Zelaya y se refiere a él como “depuesto” o “destituido”, a la vez que “pide” o “exhorta” al gobierno de facto para que asuma otro papel respecto a los medios de comunicación y sus representantes, así como los ataques verbales contra los mandatarios del ALBA, son claras evidencias de su posición ambigua, aparentemente neutral y en la práctica, dominada por las ambiciones personales y el temor a que se imponga la verdad.
Tras la fechada de esa libertad que reclaman, el Sistema Interamericano de Prensa (SIP), en realidad ha desatado lo que Tele Sur describe como “ese concierto de la artillería ideológica contra aquellos gobiernos con los que posean diferencias, dejando de la defensa la defensa auténtica del derecho a la información veraz, oportuna y libre”.
Desde una posición cada vez más compleja, deshonesta y comprometedora, el SIP ha sido - en relación a los hechos acontecidos en Honduras - más que una organización defensora de los principios rectores que difunde, una fiel seguidora del golpe militar y mediático de Michelletti y sus secuaces: una verdadera representante de la libertad de opresión.